La economía de la felicidad. El Estado del bienestar

Gracias a la colaboración de los grandes agentes del sistema; partidos políticos, sindicatos, clases sociales,…;  se ha podido implementar y llevar a buen puerto El Estado del Bienestar, el cual nos ha proporcionado las cuotas más alta de desarrollo, dando respuesta a los problemas económicos y sociales heredados de las grandes guerras.

Pero esos agentes del sistema que antes sirvieron para garantizar el equilibrio dentro del mercado, ahora han pasado a formar parte de él. Han caído en la trampa arrastrando nuevos problemas incapaces de resolver, y debilitando aquello que impulsaron con grandes esfuerzos: El Estado del Bienestar.

Los economistas

Si nos aferramos a Pareto, podemos caer envueltos en un dilema imposible de resolver: cualquier cambio que mejore la situación de alguien empeorará la del otro. La solución no viene de manera unidireccional ni de forma instantánea, prueba de ello son las teorías que han venido desarrollando los grandes economistas desde Jeremy Bentham (1748- 1832) con su la mayor felicidad, pasando por la función de bienestar social (1938) de Bergson Samuelson, el teorema de la imposibilidad (1963) de Arrow  hasta Amartya Sen (1933).

No hay una solución satisfactoria, y mucho menos la pócima de la solución no puede ser abordada por un solo campo del conocimiento pero, si atendemos al punto de unión de estas teorías podemos confluir sobre un punto en común, que es el mismo bien que Aristóteles buscaba: es último lo elegible por sí mismo siempre y nunca por causa de otra coas. Y una cosa así parece ser, sobre todo, LA FELICIDAD.

La fórmula: La economía de la felicidad

Sin llegar a caer en lo que dice Gordon Allport los humanos nunca resolvemos ningún problema, solamente nos aburrimos de ellos y, haciendo acopio de las palabras de Zygmunt Bauman, y, extrapolándolas al contexto del post, “encontrar una solución individual a un problema generado socialmente” es inviable. 

Cabe argüir que hemos engendrado altas cotas de bienestar social, pero también hemos alimentado su contrario, despertando un cataclismo. La pérdida de confianza del establishment estatal obliga a dar protagonismo a nuevos espacios y movimientos sociales que garanticen el Bienestar Social, recordándonos que esto no es responsabilidad de un@ si no de tod@s.

¿el Dinero no compra la felicidad?

Son la reticencia y el poder del orden establecido los que ralentizan los cambios y, quizás, durante siglos, el paradigma imperante en las economías modernas rezara a la orden de la “Riqueza de las naciones” de Adam Smith (1723-1790) sin darnos cuenta que Jeremy Bentham comenzó a tambalearlo gritando en soto voce que se necesitaban otros procedimientos metodológicos de medida del Bienestar de la humanidad. Richard Easterlin en 1974 nos lo dejó aún más evidente con su paradoja de “Dinero no compra felicidad.”

Índice de la Felicidad Nacional Bruta:

AUTOR: PEDRO SANTANA

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